miércoles, 10 de septiembre de 2014

Music, man, music…

I just wanted to say that, whenever I'm mad, or I feel nothing's going right and my mood is just so bad, listening to you makes everything better. The sound of your voice clears out the big grey clouds and brightens my day. And, when I can't sleep, I just put that sweet old song in repeat, and everything's alright again.

My little drummer boy

Sometimes I just think in the way you hit the drums with your drumsticks, so free, so happy, so centrated, so carefree, so… you… It just gives me the chills...

sábado, 6 de septiembre de 2014

La metamorfosis de la Mariposa

"Don´t settle for a Happy Ending, because To Be Continued is way more fun" -Michelle Phan-

En los inicios de este blog, una pequeña princesa se perdió, perdió su cuento y llegó a otro, un despiadado cuento llamado Realidad, un cuento en el que los príncipes no venían a rescatarla y en el que ella sola tenía que arreglar lo que rompía, no valía con chasquear los dedos para que sus deseos se cumplieran como por arte de magia. La princesa aprendió lo que era llorar, lo que era sufrir, lo que era el dolor, ese que en su cuento jamás conoció. También aprendió que no todo es lo que parece, que no siempre los malos son tan malos y los buenos tan buenos. Conoció la traición y conoció el desprecio. Descubrió lo que era ser rechazada, sentirse sola y maltratada, no ser parte de algo que ella deseaba ser con todas sus fuerzas. Pero no todo lo que encontró en este nuevo cuento fue malo. También conoció el amor de una familia y el de la verdadera amistad, los cuales calentaron su frío y asustado corazón y lo abrazaron con toda su ternura y cariño, creando un pequeño nido para ella, para que pudiera liberarse de sus miedos y preocupaciones y así vivir su nueva vida. Y así, igual que una pequeña oruga se transforma en una magnífica mariposa, la pequeña niña princesa, con todas sus nuevas experiencias, con la alegría y la tristeza, el amor y el sufrimiento, se convirtió en una mujer. Se convirtió en una reina.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Un pequeño paso hacia la inmortalidad

Una vez conocí persona que con sus palabras me dio una manera distinta de ver el futuro, de ver esa masa informe y vacía que es el mañana, eso que no podemos conocer pero que esta ahí, esperándonos a la vuelta de la esquina, eso a lo que tanto miedo he tenido siempre, eso que me da pavor y me hace temblar sólo de pensarlo.
Esa persona me contó que en ese camino que tomanos todos, él podría conocer a princesas o a dictadores y podría pasarlo bien o mal, pero que siempre intentaba dejar huella en las personas a su alrededor, para que estas pudieran recordarle, lo que le acercaría un poco a la inmortalidad, o al menos hasta que esas personas se fueran, porque todos somos seres vivos y todos nos morimos, es algo inevitable.
Esto me dio mucho que pensar.
Una vez oí que el ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy, el hoy es un regalo y por eso lo llamamos presente.
En un principio yo estaba completamente de acuerdo con esta enseñanza, ya que me parecía razonable y una gran verdad. Pero a lo largo que pasaban los años esta verdad comenzó a cambiar para mí. Si, es cierto que el hoy, el presente, es un regalo y no deberíamos desperdiciarlo, pero el presente es a su misma vez el pasado y el futuro, porque el presente se pasa en seguida y se convierte en pasado, y, aunque no haya coches voladores o robots que nos sirvan, estamos en el futuro, hoy es el futuro comparado con ayer, con el año pasado, con hace mil años, con el pasado. Entonces no vivimos en el presente, vivimos en el pasado, el presente y el futuro, aunque nos cueste creerlo.
Por esto, pienso en lo que esta persona me dijo, y le doy la razón, no debemos temer a lo desconocido, a ese viaje dentro de la nada que es el futuro, que es la muerte. Porque lo que importa es el ahora, nadie puede saber el día en que todo se acabara, pudiendonos quedar años o tan sólo días. Es por eso que me planteé dejar de preocuparme por esto y comenzar a vivir mi vida, comenzar a dejar una huella en todas las personas que me rodean para que, cuando yo ya no esté, al menos en su memoria siga viviendo, para así poder ser un poco inmortal yo también, o al menos hasta que la memoria perdure. Creo que realmente por esto escribo este blog, este "diario" en el que escribo aquello que se esconde en lo más recóndito de mi mente, deseando que estas palabras que hoy digo puedan dejar una huella en más personas y alargar un poco mi pedacito de inmortalidad, además de compartir aquello que me preocupa, me alegra o me hace pensar, con la idea de que mis  experiencias puedan servir a quién las lea. Además, que importa el futuro o la muerte, porque, la muerte no es nada más que la siguiente gran aventura.
Así que, sí, os he compartido todo esto para mi inmortalidad, pero no sólo por eso, si no porque también quiero ayudar a esta persona a lograr su inmortalidad, agradeciéndole sus sabias palabras. Te lo agradezco de corazón.

miércoles, 27 de agosto de 2014

We're just some strangers that may never meet each other

A veces me pregunto en cuantas historias de extraños nos colamos. Es decir, me pregunto si quizás ese chico al que te cruzaste luego hablo con sus amigos de "esa chica tan mona con el sweater lavanda" con la que se cruzó al subirse al autobús. O si tal vez una chica te oyó contar un chiste y luego se lo contó a sus amigos, confesándoles después que se lo había oído decir a un chico en un supermercado.
Este tipo de pensamientos me suele mantener ocupada durante muchas horas de mi vida, preguntándome si habré causado impacto en las vidas de alguna de las personas con la que me he cruzado alguna vez en la vida, si habré sido para alguien como ese chico tan guapo que me he cruzado alguna vez y no ha abandonado mi memoria, volviendo de vez en cuando a mi cabeza, reclamando mi atención.
Realmente en este mundo somos sólo un grupo de extraños que probablemente jamás se conocerán y sólo esta en nuestra mano cambiar esto.

domingo, 29 de junio de 2014

Las siete princesas

Hace mucho, mucho tiempo, existió un reino cuyo rey tenía siete hijas, siete hijas completamente distintas entre sí, siete hijas que sólo sabían discutir y creaban problemas a menudo. Un día, un rico y bello príncipe llegó a palacio anunciando que deseaba casarse con una de aquellas princesas, ya que se decía por sus tierras que eran las más hermosas. Entonces el rey dejó que el joven se reuniera con ellas una a una y así pudiera elegir.
La primera fue Soberbia, la mayor. Soberbia clamaba ser la más hermosa, sabia, inteligente, graciosa, simpática... la mejor de las hermanas. Pero durante su charla solo habló de si misma, de lo perfecta y maravillosa que era, aburriendo al príncipe, que tras aguantarla durante horas, finalmente la rechazó como posible esposa. Soberbia, ofendida le dijo que era estúpido, no tenía idea de lo que había perdido y que acabaría arrepintiéndose de su decisión.
A Soberbia le siguió Lujuria. Vestida con un ínfimo vestido rojo, casi transparente y que dejaba muy poco a la imaginación, Lujuria se abalanzó sobre el príncipe, deseosa de probarle y sentir sus caricias, de que la tocara y la volviera loca. El príncipe, asustado por esta actitud tan abierta y tan poco decorosa, alejó de su lado a Lujuria y también la rechazó. Esta, lejos de sentirse ofendida, agarró a uno de los guardas que estaban apostados en la puerta y se encerró con él en sus propios aposentos.
La tercera en presentarse fue Avaricia. La princesa no dejó hablar a su pretendiente y le preguntó por su riqueza y su poder, ¿cuánto tenía? ¿Cuánto pensaba concederla a ella cuando estuvieran casados? ¿era su reino grande? ¿Cuán grande era su poder? ¿Podría hacerse más rico y más poderoso si invadía los reinos vecinos? Al príncipe no le gustó la actitud de la muchacha ni sus ganas de poder, su reino era pacífico y no pensaba meterlo en conflictos por conseguir más poder, de modo que también la rechazó a ella. Con esto, Avaricia llegó a la conclusión que él no le interesaba, ya que no podía darle el poder que ella ansiaba.
Tras ella apareció por la puerta Ira, que le miraba con el ceño fruncido y el gesto torcido. En cuanto el príncipe trató de preguntarle por sus intereses y gustos, Ira comenzó a gritarle, enfadada y furiosa, ¿cómo se atrevía ese mentecato a hablarle de ese modo a ella? El príncipe se asustó y se vio obligado a rechazarla, ya que no podía permitirse una mujer que le gritara por cualquier mínimo detalle. Esta decisión provocó a Ira, que volcó la mesa de la sala en la que estaban y destrozó todo lo que llegó a sus manos antes de que pudieran detenerla. Se fue de la sala airada y con deseos de golpear al que se había permitido rechazarla.
Antes de que la puerta se cerrara se coló por ella Envidia. Envidia entrecerraba los ojos como si algo le molestara, como si algo le molestara mucho. En cuanto el chico empezó a hablar, Envidia empezó a recriminarle el haber hablado con sus cuatro hermanas mayores. Ella odiaba a sus hermanas, porque eran todo lo que ella quería ser, ella quería tener tanta autoestima como Soberbia, ser tan hermosa como Lujuria, ser tan poderosa como Avaricia y tan fuerte como Ira. Era injusto que ellas tuvieran lo que ella no podía tener, lo que ella deseaba tener. El príncipe se aburrió de ella y así la quinta hermana fue rechazada, y ella comenzó a querer tenerle, porque una de sus dos hermanas menores iba a conquistarle y a tenerle, y ella deseaba tener lo que sus hermanas querían.
Un rato después entró la hermana más gordita, Gula, la cual llegaba con los brazos llenos de dulces y la boca machada de chocolate, además de varias migas y restos de comida en los pliegues de su vestido. Gula solo estaba interesada en las delicias de aquel nuevo reino. Le interesaban los primeros, los segundos y los postres, los cocineros, las cocinas, los restaurantes, las cafeterías,  los bares... Tanto habló de comida la muchacha, que el príncipe, no solo la rechazó, si no que además pidió que le trajeran algo de comer. Gula salió de la habitación tomándose el último bollo y se metió directa en la cocina.
Y por fin era el momento de la princesa más pequeña del reino... pero la princesa no aparecía. El tiempo pasaba y la princesa no llegaba. El príncipe comenzó a preocuparse. ¿Por qué la princesa no aparecía? ¿Acaso él no le interesaba a la muchacha? El príncipe preguntó por su paradero y nadie pudo responderle, y fueron a buscarla. Un rato después, aparecieron dos guardas que llevaban a la chica cogida por los brazos. La chica era la más hermosa de las siete y llevaba un vestido azul esponjoso y liviano que parecía flotar a su alrededor. Pereza, que así se llamaba, bostezaba y no se movía, los guardas la tenían que llevar para que se pusiera ante el chico. La sentaron frente al chico y lo primero que hizo fue posar la cabeza sobre la mesa y echarse a dormir de nuevo, como si no llevara toda la tarde durmiendo sin parar. El pobre príncipe, por más que lo intentó, no logró despertarla, y decidió dejarla dormir e irse sin hacer ruido, para así no despertarla.
El chico, finalmente, se presentó ante el rey y le dijo que no iba a desposar a ninguna de las muchachas y se marchó por donde vino, dejando al rey desesperado, ya que, de nuevo, sus hijas habían asustado a otro pretendiente que había llegado convencido a casarse con ellas y se habí ido horrorizado por el espectáculo que había presenciado.


domingo, 18 de mayo de 2014

¿Deberían considerarse los blogs literatura?

Hace poco, en un comentario de texto de un poema de Josefina de la Torre se me hizo esta extraña pregunta, a lo que yo contesté… ¿y por qué no?
Hoy en día, mi generación es una generación bastante reacia a leer o a escribir a no ser que sea enviado por SMS o por Watsapp. Yo, como adolescente, como lectora y escritora entusiasta dedico una parte de mi tiempo libre a escribir un blog, este blog, que es uno de los muchos blogs que tengo y de los pocos que uso. El escribir un blog me permite, nos permite, expresarnos ante un público amplio y exigente como el de las redes sociales, y creedme que no es un público fácil de satisfacer.
En ocasiones, encontramos más fácil contar nuestros sentimientos y nuestras opiniones a un millón de desconocidos antes que a nuestros propios amigos y familiares, ya que son personas a las que probablemente jamás veremos o conozcamos en persona, y eso crea un enorme alivio ante las presiones sociales ante las que nos vemos sometidos a diario. Además, un blog nos permite expresarnos y escribir libremente sin que nuestros amigos nos tachen de "bichos raros" o de "freaks", ya que estamos haciendo exactamente lo mismo que hacen ellos a diario en "Facebook" o "Twitter", compartir nuestras opiniones y experiencias con un grupo de completos desconocidos en el amplio y extraño internet.
En conclusión, ¿los blogs deberían considerarse literatura? Si. ¿Por qué? Porque puede que un blog no esté redactado de la mejor manera o tenga el mejor vocabulario, pero, a fin de cuentas, los "bloggers" hacemos lo mismo que hicieron los grandes poetas de la literatura en su momento, dejar redactados nuestros sentimientos y opiniones más íntimos, aquellos que no nos atrevemos a decir en voz alta, para la posterioridad, para que alguien más pueda leerlo y ver que no es el único, que alguien más comparte su opinión.